
Cerca de Imarighen |
Tras recogernos al alba en nuestro hotel con el Land Rover de la organización, recorrimos las diferentes carreteras del valle buscando
el mejor punto desde dónde despegar. Éste varía de un día a otro según la dirección del viento. Nos invitaron a un café mientras analizaban el
movimiento del aire.
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Cerca de Taghzoute |
Una vez que encontramos el punto adecuado para despegar, la gran cesta en la que íbamos a viajar fue descendida del remolque
del Land Rover.
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El globo |
A continuación comenzaron a hinchar el enorme globo mediante un simple ventilador de gran potencia que lo llenaba de aire.
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El globo |
Luego calentaron mediante un soplete el aire del interior del globo para hacerlo subir. ¡Todo a punto!
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El globo |
¡Había llegado el gran momento! El piloto saltó al interior de la cesta con agilidad profesional, seguido por los cuatro
pasajeros, que trepamos por ella como mejor pudimos. Entonces soltaron la cuerda que mantenía el globo amarrado al Land Rover y comenzamos a elevarnos lentamente, con extraordinaria
suavidad.
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Cerca de Taghzoute |
Aunque la ascensión era casi imperceptible, en apenas un minuto nos vimos a una considerable altura, mientras el equipo de Atlas
Vallée Ballons nos saludaban desde abajo y nos deseaban un feliz viaje. Desde la azotea de una de las viviendas que sobrevolábamos, una señora nos invitó a
tomar el té… ¡Cómo si fuese posible!
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En el globo |
Eran casi las ocho de la mañana. El frío de la madrugada había dejado paso a un considerable calor producido por el sol
y acrecentado por el fuego que surgía por encima de nuestras cabezas. Nos desprendimos de toda la ropa de abrigo.
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Cerca de Taghzoute |
Nuestra sombra se proyectaba sobre la llanura desértica que rodea el palmeral por todas partes, convirtiendo el valle
del Todra en un verdadero oasis. Sobrevolábamos su extremo oriental.
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El globo |
Las ráfagas de fuego lanzadas periódicamente por el soplete nos hacían subir más y más.
El ruido del mismo era el único que rompía el silencio y cuando éste cesaba nos hallábamos en una misteriosa paz, como si flotásemos en una nube
o viajásemos en la alfombra voladora de las Mil y una noches.
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El valle del Todra |
Ahora el valle del Todra se dibujaba claramente a nuestros pies, con sus treinta kilómetros de longitud,
desde donde nos encontrábamos hasta las célebres gargantas del Todra.
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El Hart n’Igourramen |
Distinguíamos perfectamente algunos de los cincuenta pueblos que jalonan el palmeral, aún habitados.
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Zaouïa Sidi El Haj Amar, El Hart n’Igourramen |
Y también otros que habían sido abandonados y se hallaban en ruinas, víctimas de las inundaciones en algunos casos.
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Morabito cerca de El Hart |
Divisamos asimismo algún morabito solitario entre las palmeras.
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Jetara |
Y las antiguas jetaras o canales subterráneos que traían desde una gran distancia el agua necesaria para regar
esta zona baja del valle del Todra. Se reconocen por la sucesión de pozos que permitían dragar el canal.
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Hacia el Jebel Saghro |
El piloto sólo tenía en sus manos la posibilidad de hacernos ascender o descender, no la dirección a seguir, que
dependía únicamente del viento. Tras casi una hora de suave desplazamiento por encima del palmeral, comenzamos a alejarnos del mismo, hacia el sur. Entonces aparecieron
ante nuestros ojos las estribaciones del Jebel Saghro, un macizo montañoso extremadamente árido.
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Taghia |
Pronto penetramos en el valle secundario del Assif Targuit, un afluente del Todra que baja habitualmente seco.
En la confluencia vimos Taghia n’Illamchane, un poblado del que hemos hablado largamente en el artículo sobre historia del Todra.
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Tiliouine |
Finalmente tomamos tierra en el pequeño oasis de Tiliouine, en el mismo valle secundario, adonde vino a recogernos con el
Land Rover el equipo de Atlas Vallée Ballons.
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© Roger Mimó – Todos los derechos reservados.